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Los objetos más insólitos que se sacaron del Riachuelo

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Los objetos más insólitos que se sacaron del Riachuelo

Mensaje por Talisman el Sáb Ago 02, 2014 12:22 am

Heladeras, calefones, colchones y hasta un taxi; las embarcaciones que se ocupan de la limpieza de las costas recolectaron en los últimos cuatro años mil toneladas de basura; LA NACION se sumó a una de las recorridas diarias


Por Verónica Dema  | LA NACION

niel Sosa no suelta el timón. Para navegar por el Riachuelo hay que estar atento por lo que pueda ir apareciendo. Su compañero Claudio Campi, una especie de copiloto, se siente más liberado para hablar aunque no descuida la cabina del "elefante", la lancha de dos motores que conducen en la recorrida de cada día. "Acá aparece de todo. Si no la impresiona le muestro", dice Campi. Busca su celular en el bolsillo de la campera impermeable anaranjada fluo.

Ellos ocupan una de las tres embarcaciones que el gobierno de la Ciudad destina, desde hace cuatro años, a la recolección de residuos de la costa porteña del Riachuelo. Según la dirección general de Limpieza del Ministerio de Ambiente y Espacio Público,se recogieron 1000 toneladas de residuos en el tramo ubicado entre Vuelta de Rocha, en el barrio de La Boca, y Puente La Noria.

Las tareas de limpieza en el Riachuelo comenzaron tras el fallo de la Corte Suprema de la Nación que en 2008 ordenó el saneamiento de la cuenca Matanza-Riachuelo. Esta acción se realiza en forma coordinada con un nuevo organismo multijurisdiccional tripartito surgido para ese fin: la Autoridad de la Cuenca Matanza-Riachuelo (Acumar), presidida por el Gobierno nacional, e integrada, también, por el bonaerense y el porteño.

En la pantalla del celular de Campi aparece en primer plano un hombre muerto flotando en las aguas amarronadas. "Si mira bien tiene dos puntazos en la panza". Se ven los manchones rojos. Aunque el hallazgo ocurrió hace unos meses parece volver a sorprenderse. Cuenta que ellos avisan a Prefectura y se desentienden del tema, aunque no se olvidan.


En la ciudad, la limpieza del borde del Riachuelo quedó expresamente incorporada a partir de la promulgación de la ley 4120, que contempla un Servicio de Recolección y Limpieza del margen izquierdo del Riachuelo como parte integrante en la concesión de los servicios de limpieza. En 2013, el decreto 170 incorporó la limpieza y recolección diferenciada de estos residuos.

El inspector de limpieza en el Riachuelo, Angel Grosse, es testigo de que en esas recorridas que realizan de lunes a sábado durante ocho horas encuentran de todo. "Rescatamos más de 50 autos", contabiliza. Mientras la embarcación avanza lenta haciendo trabajar sus dos motores en estas aguas densas, recuerda que desde que lograron limpiar el desarmadero de autos que había en la villa 21/24 se redujo la cantidad de carcasas en la cuenca. "Pero, como acá no dejás de sorprenderte... el otro día encontramos un taxi. Estaba entero", dice. Cuando lo rescataron se enteraron de qué sólo le faltaba el reloj.

También se ven motos, heladeras, caballos, colchones, sillones que vienen flotando desde algún lugar ignoto hasta la cuenca baja, enumera. La tarea de ellos consiste en recorrer y, cuando detectan residuos, se comunican con la lancha de apoyo; entonces, inician el rescate con sogas. "¿Muertos? Tengo dos", dice. "Apareció uno flotando cerca de Pompeya y el otro pasando Lomas de Zamora. Ahí lo que hacemos es informar a Prefectura, no lo podemos ni tocar nosotros. Después le perdemos la pista", aclara.

Es un día soleado y la embarcación sigue abriéndose camino entre las aguas; por momentos se ven azuladas. La proa se levanta y, según cómo pegue el viento, llega una llovizna fina. El responsable del servicio de higiene urbana en el Riachuelo y en Río de la Plata, Javier García Elorrio, también viaja a bordo. "Cuando empezamos, esto era un mar de plástico", dice; mira hacia el agua, sólo con manchones de basura cada tanto y sin el olor a podrido de antaño. García Elorrio suele sumarse para controlar el trabajo; esta vez, aprovecha a señalar los avances: muestra fotos impresas amplificadas de los lugares que recorre la embarcación y parecen otros.

ANTES Y DESPUÉS






Allí donde había parvas de basura, contrasta un parque verde; donde había viviendas haciendo equilibrio en el borde del Riachuelo, ahora hay un césped corto (en el proceso de relocalización que aún continúa las casas precarias son ahora modestos monoblocks que resaltan cinco cuadras hacia adentro), donde no habitaba un pájaro, ahora se pueden fotografiar garzas, patos y teros.

Esta semana el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, habló del reconocimiento del Banco Mundial con la Argentina por "los importantes avances en la ejecución de la recuperación de la obra de la cuenca Matanza-Riachuelo, con una inversión de 718 millones de dólares"; esto implica un beneficio directo a 7 millones de personas que forman parte de la cuenca.


"Por ahí algún vecino te decía: 'No me toques esto que se me cae la casa", interviene Grosse, que sigue de cerca el proceso de reciclaje del Riachuelo y sus costas. Las viviendas precarias del ex asentamiento Luján, de la villa 26, Luzuriaga, Magaldi, de la 21/24, Mundo Grúa, El Pueblito y la 27 de Febrero se cimentaban sobre terrenos conformados por basura compacta. En algunos tramos de la villa 26 aún persiste esta situación. "Se van a fin de año con el proceso de localización", informa García Elorrio. Una orden judicial determinó en 2011 que se mudaran 16 barrios de capital y provincia pegados al Riachuelo.

Pisar los terrenos en donde aún hay viviendas precarias es andar encima de una textura esponjosa conformada por restos triturados de basura: cáscara de huevo, bolsas, manijas de bolsas, césped que crece en el medio, yerba oscura, troncos, trozos de ladrillos, botellas plásticas, otras de vidrio, tapitas de cerveza, paquetes de papas fritas, hojas de árboles, cáscaras de cebolla y más. La humedad se debe a que allí desagotan los baños de las casas, cuyo destino final es el Riachuelo.

"Acá estén atentos, no den la espalda al barrio. A veces suele haber algunos problemas, nos tiran piedras", comenta García Elorrio cuando la embarcación pasa por la villa 21/24. "No se preocupen, forma parte del trabajo en el espacio público". Y enseguida le pide a Sosa, que lo escucha desde el timón: "¡Dale, más rápido acá". Le hace señas con la mano de que siga, por si no le quedó claro. En las márgenes del Riachuelo aparecen algunos vecinos, sobre todo chicos. Hay intercambio de saludos, manos en alto y sonrisas. "Ya pasamos los cien metros críticos", dice Javier, respira aliviado.

Más adelante, continúa una costanera amplia -que no se veía en un recorrido de hace tres años atrás- siempre combinada con objetos flotantes como parte del paisaje. A la altura de Pompeya, una carcasa de heladera tirada a la vera del Riachuelo, más adelante flota un colchón atrapado en una "manga" (un sistema que ayuda a retener la basura en el borde para que sea más fácil la recolección); a unos metros, del lado de Lanús un cartonero se detiene a mirar el barco que pasa, levanta el pulgar como aprobando. Otra heladera sin puerta más allá, un calefón desarmado más adelante. Atrás se ve el puente La Noria en el fin del recorrido.

DESIGUALDAD AMBIENTAL

Describe Luis Gusmán en su novela El Peletero, recreando la lucha de vecinos del Riachuelo: "La lancha se acercó a la costa de las destilerías del Dock Sud. Desde la embarcación podían observarse casi a ras de la tierra cruces, cientos de cruces. No era un cementerio humano, era un cementerio ecológico. La gente del asentamiento había hecho un cementerio como señal de denuncia contra la contaminación".

La socióloga Gabriela Merlinsky, responsable del Grupo de Estudios Ambientales del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, explica que la cuestión de que la cuenca del Riachuelo esté contaminada es la consecuencia de un proceso social que no puede obviarse. "Suele haber una visión estándar de la cuestión ambiental que tiende a pensar que el comportamiento es único y no importan las clases sociales. Creo que si las sociedades son muy desiguales hay ciertas clases que pueden externalizar los peligros ambientales y hay otras que no pueden ocuparse de la cuestión ambiental porque la sociedad no se ocupó antes de ellos", expone esta experta.

"Por ahí algún vecino te decía: 'No me toques esto que se me cae la casa", interviene Grosse, que sigue de cerca el proceso de reciclaje del Riachuelo y sus costas. Las viviendas precarias del ex asentamiento Luján, de la villa 26, Luzuriaga, Magaldi, de la 21/24, Mundo Grúa, El Pueblito y la 27 de Febrero se cimentaban sobre terrenos conformados por basura compacta. En algunos tramos de la villa 26 aún persiste esta situación. "Se van a fin de año con el proceso de localización", informa García Elorrio. Una orden judicial determinó en 2011 que se mudaran 16 barrios de capital y provincia pegados al Riachuelo.

Pisar los terrenos en donde aún hay viviendas precarias es andar encima de una textura esponjosa conformada por restos triturados de basura: cáscara de huevo, bolsas, manijas de bolsas, césped que crece en el medio, yerba oscura, troncos, trozos de ladrillos, botellas plásticas, otras de vidrio, tapitas de cerveza, paquetes de papas fritas, hojas de árboles, cáscaras de cebolla y más. La humedad se debe a que allí desagotan los baños de las casas, cuyo destino final es el Riachuelo.

"Acá estén atentos, no den la espalda al barrio. A veces suele haber algunos problemas, nos tiran piedras", comenta García Elorrio cuando la embarcación pasa por la villa 21/24. "No se preocupen, forma parte del trabajo en el espacio público". Y enseguida le pide a Sosa, que lo escucha desde el timón: "¡Dale, más rápido acá". Le hace señas con la mano de que siga, por si no le quedó claro. En las márgenes del Riachuelo aparecen algunos vecinos, sobre todo chicos. Hay intercambio de saludos, manos en alto y sonrisas. "Ya pasamos los cien metros críticos", dice Javier, respira aliviado.

Más adelante, continúa una costanera amplia -que no se veía en un recorrido de hace tres años atrás- siempre combinada con objetos flotantes como parte del paisaje. A la altura de Pompeya, una carcasa de heladera tirada a la vera del Riachuelo, más adelante flota un colchón atrapado en una "manga" (un sistema que ayuda a retener la basura en el borde para que sea más fácil la recolección); a unos metros, del lado de Lanús un cartonero se detiene a mirar el barco que pasa, levanta el pulgar como aprobando. Otra heladera sin puerta más allá, un calefón desarmado más adelante. Atrás se ve el puente La Noria en el fin del recorrido.

DESIGUALDAD AMBIENTAL

Describe Luis Gusmán en su novela El Peletero, recreando la lucha de vecinos del Riachuelo: "La lancha se acercó a la costa de las destilerías del Dock Sud. Desde la embarcación podían observarse casi a ras de la tierra cruces, cientos de cruces. No era un cementerio humano, era un cementerio ecológico. La gente del asentamiento había hecho un cementerio como señal de denuncia contra la contaminación".

La socióloga Gabriela Merlinsky, responsable del Grupo de Estudios Ambientales del Instituto de Investigaciones Gino Germani de la UBA, explica que la cuestión de que la cuenca del Riachuelo esté contaminada es la consecuencia de un proceso social que no puede obviarse. "Suele haber una visión estándar de la cuestión ambiental que tiende a pensar que el comportamiento es único y no importan las clases sociales. Creo que si las sociedades son muy desiguales hay ciertas clases que pueden externalizar los peligros ambientales y hay otras que no pueden ocuparse de la cuestión ambiental porque la sociedad no se ocupó antes de ellos", expone esta experta.


Y se explaya en el escenario de las villas del área metropolitana: "Las zonas de asentamientos son todas sin planificación urbana, ni siquiera hay recolección de residuos en muchas de ellas. La basura se va acumulando en esquinas, en distintas partes del barrio y llega un punto en que saturan, por eso terminan en el Riachuelo. Pero no es una cuestión de educación".

Como en la novela de Gusmán, los vecinos de Buenos Aires también protestaron: lo hicieron cuando reclamaron la recomposición del ambiente y la creación de un fondo para financiar el saneamiento. Entonces, se hizo Justicia y algo empezó a cambiar: entre otras cosas, se creó Acumar, se trazaron políticas públicas para la recomposición ambiental, se inició la limpieza y la traza de un camino costero, se cerraron basurales a cielo abierto, se empezaron a controlar industrias, se relocalizaron asentamientos. Merlinsky los reconoce como grandes avances, pero considera que se necesitan varias décadas para ver resultados duraderos.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
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